Paquete Económico 2027: qué significa para tus propios números
Especialista en finanzas corporativas y alta dirección
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Paquete Económico 2027: qué significa para tus propios números
Esta semana llegó a la Cámara de Diputados el paquete económico 2027: el conjunto de iniciativas con las que el Ejecutivo propone cómo se van a cobrar y a ejercer los recursos públicos el año que entra. Trae la Ley de Ingresos, el proyecto de presupuesto, los criterios de política económica y varias reformas de ley, entre ellas una a la Ley del Impuesto sobre la Renta.
Ya lo habrás visto resumido en tres o cuatro titulares, y alguno lo cuenta como si ya hubiera cambiado algo. Con precisión: todavía no cambia nada. Lo que hay es una propuesta, y una propuesta se discute, se modifica y a veces se cae. Pero sí hay una lectura de negocio que se puede hacer hoy, y no depende de adivinar qué va a aprobarse.
Qué es el paquete económico y qué no es todavía
Cada año, por mandato constitucional, el Ejecutivo manda a la Cámara de Diputados el paquete con el que propone financiar y ejercer el gasto del año siguiente. Todo eso está turnado a la Comisión de Hacienda, que ya lo tiene en su orden del día. Y ahí está la parte que casi ningún resumen aclara: una iniciativa no es una norma. Mientras no la aprueben las dos cámaras y se publique en el Diario Oficial de la Federación, es un texto en discusión. Si quieres ir a la fuente en lugar de al resumen, el paquete completo está en la Gaceta Parlamentaria de la Cámara de Diputados.
Lo que se propone tocar del régimen simplificado
De todo el paquete, lo que más de cerca toca a un negocio pequeño o mediano está en la iniciativa de la Ley del Impuesto sobre la Renta, y va en una sola dirección: ensanchar el Régimen Simplificado de Confianza.
Se propone subir el techo de ingresos para que más personas físicas puedan entrar y, sobre todo, permanecer en él cuando su negocio crece. Se propone subirlo también para las morales y volver ese régimen opcional en vez de obligatorio. Y se propone quitar el candado que hoy impide volver a quien alguna vez rebasó el techo: bastaría con ponerse al corriente.
La exposición de motivos lo plantea como una medida de simplificación: menos carga administrativa para quien menos estructura tiene. Si quieres el detalle con las cifras de cada techo, lo desglosamos en la guía de RESICO 2027.
Y una segunda pieza, que no está en la misma ley
La parte que más va a cambiar el día a día de un negocio pequeño no está en la reforma al impuesto sobre la renta, sino en la iniciativa de Ley de Ingresos: la opción de pagar el IVA a una tasa del 7 % sobre lo efectivamente cobrado.
Se está contando como una rebaja y no lo es: al cliente se le seguiría trasladando la tasa de siempre, y el 7 % es lo que se enteraría al SAT. Lo que cambia no es el precio del impuesto, es la forma de calcularlo.
Hoy, quien causa IVA lleva contabilidad de IVA: registra el impuesto que le trasladan en cada gasto, lo acredita y paga la diferencia. Bajo la propuesta eso desaparece —se entera el 7 % de lo cobrado y ahí termina la cuenta—, y a las personas físicas el texto las relevaría de llevar esa contabilidad.
Ahí está el trueque, y es el punto entero: menos trabajo contable a cambio de, quizá, más impuesto. O menos, según cuánto IVA acreditable tengas de verdad en el año. Quien compra pocos insumos gravados sale ganando; quien compra mucho y hoy lo acredita, no. Y las personas morales que optaran seguirían llevando su contabilidad completa, así que a ellas el ahorro administrativo que se está anunciando no les tocaría.
Y como vive en la Ley de Ingresos, que se renueva cada año, sería un beneficio anual.
El número que decide de qué lado quedas
Aquí está lo que sí es accionable hoy, y no tiene nada que ver con el Congreso.
Entrar, permanecer o salir de esos regímenes no lo decide un criterio cualitativo: lo decide un número tuyo. Y en el régimen simplificado de personas físicas, lo que se paga se mide sobre los ingresos amparados por tus comprobantes fiscales efectivamente cobrados — no sobre lo que facturaste.
Esa distinción parece técnica y es de caja. Facturaste 100, cobraste 60: solo una de las dos cuenta. Si los techos se mueven, «¿estoy arriba o abajo?» se vuelve una pregunta viva, y no se contesta con una corazonada.
El problema es que en la mayoría de las empresas ese número no se conoce durante el año, sino después, cuando el contador cierra. Y un número que llega tarde no es información: es historia.
Por qué esto no se decide leyendo titulares
Una iniciativa entra a comisiones y sale distinta. Por eso reaccionar al titular es la peor forma de prepararse: te mueve dos veces, una cuando lo lees y otra cuando resulta que quedó de otro modo. La postura útil es la contraria y es bastante aburrida: no adelantarse a la discusión, y tener tus propios números tan a la vista que el día que se publique lo que se publique sepas en una tarde si te toca.
Y que quede claro: qué régimen le conviene a tu negocio es una decisión de tu contador, no de un artículo ni de una plataforma. Lo que sí se resuelve de antemano es que esa conversación no arranque a ciegas.
Cómo se ve en la práctica
Veralty existe justamente para eso: que la cifra que decide no llegue a destiempo. Ves tus ingresos cobrados del periodo con corte diario, tu IVA e ISR estimados en vivo, y facturado contra cobrado lado a lado, con nombre y factura de lo que falta cobrar. No hacemos tu contabilidad ni decidimos tu régimen: le damos a ti y a tu contador la misma información, al mismo tiempo.
Cuando el paquete económico 2027 termine su camino y se sepa qué quedó, la pregunta «¿esto me toca?» va a tener respuesta rápida o lenta según una sola cosa: si venías viendo tus números o no.
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